Barquillos muy castizos


Barquillero en la calle Preciados de MadridFoto | Rafa Prades – Barquillero en la calle Preciados de Madrid

¡Al rico barquillo de canela para el nene y la nena, son de coco y valen poco, son de menta y alimentan, de vainilla ¡que maravilla!, y de limón que ricos, que ricos, que ricos que son! – grita el barquillero en medio de una céntrica calle transitada por autóctonos y foráneos, en una ciudad en la que nadie es forastero y de la que se dice: ¡De Madrid al cielo, y, allí, una ventana para poder seguir viéndolo! o, según otra versión: ¡De Madrid al cielo, y, desde el cielo, un agujerito para verlo!

El barquillo quizás sea el dulce más castizo de Madrid, asociado al chulapo barquillero, ataviado con su traje: pantalón ajustado, chaquetilla corta con chaleco, pañuelo al cuello (safo) y gorra (parpusa). Siempre presente en verbenas y fiestas típicas de Madrid: San Isidro, La Paloma, San Cayetano, San Lorenzo… donde con su barquillera sigue haciendo las delicias de pequeños y mayores. Los pequeños se preguntan que es ese engendro que no tiene botones, ni conexión USB, y los mayores aún recuerdan con cariño el ruido de la ruleta al girar, y la alegría de comprobar cuantos barquillos le habían tocado.

La familia Cañas lleva cinco generaciones dedicada a este oficio, manteniendo viva esta tradición que forma parte de la cultura de Madrid.

Esta es la letra de la canción “Coro de barquilleros” perteneciente a la zarzuela “Agua, azucarillos y aguardiente”, estrenada en el Teatro Apolo de Madrid el 23 de junio de 1897, con música del maestro Federico Chueca y libreto de Miguel Ramos Carrión:

Vivimos en la Ronda
de Embajadores,
al lao de la Ribera
de Curtidores.
Pasamos nuestra vida
con los chiquillos,
que son los que consumen
nuestros barquillos.

Cruzamos el Prao,
la plaza Colón
voceando: ¿quién los quiere
tiernecitos,
tostaítos
de canela y de limón?

Las niñeras y los soldaos
por nosotros están pirraos
y dan cuartos a los chiquillos
pa que se los jueguen a los barquillos,
y los ocho u diez u doce
que les damos por favor
se los comen casi siempre
entre la niñera y el gastador.

Cuando viene un señorito
y nos dice: vamos a jugar,
en menos que canta un gallo
la trampa está prepará.
Como están los clavos flojos
y la máquina desnivelá
por más que se vuelva mico,
que ni pa Dios que nos pué ganar.

¡Sería un pueblo! ¡U dos o tres!
Que un silbante ganar quisiera
a los barquilleros de Lavapiés.

Yo me voy a las Vistillas.
¡Barquillos finos!
Yo a la Puerta de Alcalá.
¡Que son de pistón!
Yo me quedo en Recoletos.
¡Los llevo e canela!
Yo a la plaza la Cebá.
¡Los llevo e limón!

¡Ar! ¡Una!
¡Ar! ¡Dos! ¡Adiós!

Más información | Barquilleros Castizos de Madrid

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